Puede que acabes de empezar. Puede que lleves diez, veinte o treinta años jugando.
El bádminton nos acompaña a lo largo de la vida de formas muy distintas.
Son las tardes de entrenamiento y los torneos. Amistades que empezaron en un pabellón. Desplazamientos, terceros sets ajustados y alguna que otra discusión sobre si el volante realmente había entrado.
Y en algún momento te das cuenta: este deporte hace tiempo que es mucho más que lo que ocurre entre dos líneas de pista.
Justo esa sensación queremos llevarla fuera con nuestras camisetas.
No solo al pabellón. También al día a día.